Brevísima reflexión pre-electoral sobre el mal uso de la palabra democracia

Este es un apunte que hago sólo porque quedan ocho días y me parece que estamos perdiendo el norte. Empiezo con la frase grandilocuente y luego lo explico: “la democracia es una utopía”.

No quiero decir que sea un idealismo, digo que es utópica. Y con eso lo que realmente quiero decir es que ni se puede alcanzar, ni la hemos alcanzado: en otras palabras: que estamos a medio camino. A mí me parecía obvio, pero es que ayer alguien me intentaba demostrar con aires acalorados que la democracia es mejor que el anarquismo. No voy a meterme en los ene niveles de profundidad en los que decir eso es una burrada, me centro en el que me ha llevado a escribir esta brevísima nota: parece que la opinión popular piensa que el sistema de gobierno actual es, simplemente, “democracia”. Y no, no es “democracia”. Lo que es es “democrático”, una forma de democracia. Concretamente: una forma de “democracia representativa”.

Recuerdo como si fuera ayer la declaración de Esperanza diciendo que lo de la “democracia real” no le convencía porque la “democracia” no podía llevar apellidos y cuando los lleva pasan cosas como las “democracias populares” del telón de acero. Es ese nivel de simplismo intelectual el que nos está matando (y perdón por el tono pero es que ya me enfado). ¿Cómo que apellidos? ¿Cómo puede colar que alguien diga que matizar un concepto es una cosa negativa? ¿Es que nos estamos volviendo locos? Que sí, que lo de decir “real” y “ya” es otro simplismo, pero decir que sólo hay una democracia y que esa democracia única que no admite hermanos es la representativa no es un pecado de inocencia, es un pecado de tergiversación calculada.

El siguiente paso es incierto, bien, pero negarse a abrir nuevas puertas sólo nos lleva al estancamiento intelectual y la Edad Media es un ejemplo precioso sobre lo que pasa cuando las civilizaciones no avanzan. La democracia es utópica, porque una democracia pura es imposible (o al menos lo parece en mi cabeza), pero como con cualquier meta utópica, decir que estamos al final del camino es una barbaridad.

Aplicaciones prácticas de esta brevísima nota: pues, para variar, ninguna. Pero creo que tenemos que mantener en mente que somos los Oompa Loompas del autogobierno y que nos queda un larguísimo camino que recorrer, que hay que sacar ya de nuestros cerebros atormentados la arrogancia perezosa del que piensa que ha terminado su trabajo cuando no ha hecho nada más que empezar. Las implicaciones de todo esto para lo que llega en ocho días se dejan a manos del lector, porque me parece que es aquí ya cuando cada tiene que sacar sus propias conclusiones.

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