Planificación Encefalográmica Asistida

Por simplicidad, voy a restringirme a lo local, y a soltar, como el que no quiere la cosa, la siguiente barbaridad: ¡España se hunde!

¡No! ¡No son los catalanes! ¡Ni los gallegos! ¡Ni siquiera los vascos! Es la puta televisión. Bueno, no sólo. Pero pretender abarcar todos los factores que han podrido la estructura interna del pensamiento social es pasarse de listo. Describir, al menos, uno, no debería llevar más de medio artículo. ¡Así que allá vamos!
¡Espera, espera! ¡¿Y el otro medio artículo?! Las consecuencias, naturalmente. Ídem. Recorrer cada una de las consecuencias de nuestra actividad mental roce la línea recta es tan descabellado como absurdo. Además, muchas de ellas son de libre interpretación, y podríamos no estar de acuerdo en juzgarlas de forma positiva o negativa. Y no está el patio para más disgustos y desacuerdos. Me parece suficiente ejemplo el más grave de todos: la política. ¡Buf! ¡Y no querías enemistarte! Take it easy! Hay una cosa en la que sí estamos de acuerdo todos los españoles: la política en este país es una mierda. Con una actitud así, no debería desagradar a nadie… ¡por el momento!

¡Al tajo! ¡Belén Esteban! No nos equivoquemos. Decir que “toda la televisión que ven los que no soy yo es una mierda” es patético, y en general, incorrecto. Pero no entremos en los lares de la discordia. Me parece más interesante comentar algo en lo que todos estamos de acuerdo: el declive. Es delicioso hablar de declives y malignidades crecientes, y en esta industria hay más carnaza que focos. Por poner un ejemplo creciente, ¿cómo puede ser que el único programa de informativos 24 horas de este país que no está subvencionado se haya transformado en… un Gran Hermano 24 horas? ¿Es que a nadie le extraña?

Oh, sí, muy extrañados. Incluso Buenafuente dijo algo sobre eso. Todo culpa de telecinco.

La televisión es un negocio. Los intereses de una compañía tan grande como telecinco no son puramente ideológicos. ¿Alguien se explica por qué pueden Los Simpsons arrojar ácido a los productores de la Fox sin salir cancelados? ¡DINERO! En España, salvo por la caspa, las cosas no funcionan de forma muy diferente. CNN+ lleva varios años sin ser un canal rentable, perdía pasta, como los coches de Vallecas. En realidad, era esperable que cerrara. Lo que impacta es más bien que, en lugar de un canal de noticias más telecinquesco, nos hayan plantado un Gran Hermano en toda la napia. Siguiendo el mismo razonamiento que antes, no le costará mucho imaginar al querido lector, que probablemente esa gente que parece tener tantas monedas haya hecho un estudio detallado sobre el tema, y haya decidido que estaba apostando por la opción más rentable. Más espectadores, en televisión, significa más dinero. Ya sabéis qué ve vuestro vecino antes de irse a dormir.

Este ejemplo es altamente generalizable. El programa ese de Sobera, el 50×15, no se convirtió en “El rival más débil” porque la televisión sea Satanás tridente en mano. Fue porque algún tipo listo pensó que, insultando a los concursantes, tendrían una mayor audiencia. Y tenía razón. Tanta que “El rival más débil” ha acabado convirtiéndose en un concurso en el que al que osa a participar le hacen preguntas comprometidas hasta que se aseguran de que su familia no va a hablarle jamás. Me han contado que el público se lo pasa de puta madre.

Tardes enteras de parrillas repletas de tertulias en las que la gente ha pasado de hablar sobre “cómo llevar una vida sana”, o de “qué niño tiene el perro más relindo”, a la vida privada de una elite del mal gusto que se lo pasa pipa con su trabajo, y aterrizando finalmente en la feliz morbosidad de los insultos y los tirones de pelo. La valoración del espectáculo es mayor cuantas más lágrimas furiosas escupa el invitado. El cinismo es garantía de éxito.

Entre tanto, cuanta más mierda le meten, más mierda el espectador quiere ver. Va transformando su apacible serenidad, y su amabilidad con los vecinos en una oscura mezquindad quejumbrosa, tal y como la televisión parece mostrar que es normal comportarse. Frente al torrente de falsas emociones y sentimientos violentos, la cultura y la música parecen paisajes aburridos. El ciclo de la televisión se completa. Ella nos nutre de alicientes destructivos, y nosotros a ella.

Al español ya no le brillan los ojos cuando, fruto del esfuerzo de toda una generación, un político electo sale hablando en la televisión. No puede competir con el hito periodista de la prensa rosa. Ha llovido mucho desde la transición. Los largos debates políticos y las innecesarias argumentaciones del congreso aburren al espectador. La política seria ya no satisface a nadie.

(Párrafo fabulado) El político, hombre ególatra por definición, se siente ignorado por el país que gobierna, y sólo puede hacer una cosa para recuperar la atención que le pertenece. Se vuelve estúpido. Se vuelve mezquino y arrogante. Adopta las tácticas de Mariñas. Convierte el insulto en su arma y relega a segundo plano las argumentaciones inteligentes, que finalmente, por desuso, deja de plantear. La oposición ya no puede permitirse trabajar hacia adelante en la construcción del país, ya sólo queda la réplica fácil y el criticismo. La palabra “populismo” resuena entre león y león en la carrera de San Jerónimo. Y cuidado, no es que los partidos políticos sean estúpidos. Es que los hemos estupidizado.

Pero ellos, a su vez, nos devuelven el favor. Igual que nadie quiere ver un partido de fútbol sin mostrarle simpatía a ningún equipo, ya que hay insultos en el congreso, el español medio se afilia virtualmente a uno de estos partidos. Como no hay argumentos, se sostiene la posición de forma totalmente irracional. Quizá un día puedas admitir que el portero del PSOE estuvo un poco flojo ese día. Pero es tu equipo y… ¡qué diablos! Y si lo hacen muy mal, te cambias de equipo, que para eso hay dos. Y estés donde estés, todo lo que haga el oponente es falta, y todo lo que diga Belén Esteban es música celestial. Y según dejamos de ser críticos con la política, más se estupidiza.

Y en algún día de Abril del 2012 uno de estos españoles medios recibe una carta del ayuntamiento. Es una confirmación del censo, en la que especifica dónde tiene que ir a votar. Y quizá este español medio, en un momento de lucidez, se olvide de la intoxicación mediática que le posee y se pare un momento a plantearse a quién va a votar. El fanatismo se desvanece por un momento y el español medio se queda solo ante el peligro intelectual. Y es terrible. Se da cuenta de que ya no hay salida, de que eso no va a salir bien. De que España se hunde. Y no es Al Qaeda, ni los vascos. Ni siquiera los catalanes. Al pobre español medio, abatido por la inmensidad de lo que se le viene encima, sólo se le ocurre una solución. Encender un rato la televisión, y desconectar un rato de esos pensamientos tan inquietantes.

Mientras tanto, las estadísticas dicen que hay más de cuatro millones de parados en España. El PIB per cápita ha disminuido un 4% en los últimos tres años Los precios han aumentando un 5.6%.

Menos mal que nos queda el Portugal.

One Comment

  1. Lo que más alarmante me parece es precisamente lo que dices de que hemos estupidizado a los partidos políticos. Que argumentos puedes tener, pero no es lo que vende, y si quieres votantes tienes que darles algo fácil de digerir, que es que el otro partido lo está haciendo de pena, está llevando el país a la ruina y punto pelota.

    Otra cosa a tener en cuenta es que nosotros no vemos las cosas enteramente como son, sino tal como las presentan los medios de comunicación. Estoy seguro que en el Congreso hay discusiones y argumentaciones, al menos de vez en cuando, pero en los titulares y en el clip de un minuto de las noticias puede que tengan más bombo las críticas populistas.

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